La memoria grabada 16 Jun. 2011
HACE UNOS DÍAS me puse a ordenar fotos, antiguas cintas de vídeo, papeles, cartas personales, facturas, libretas emborronadas hasta la última página… un sinfín de documentos acumulados en cajones que, después de tanto tiempo, se me olvidó recordar por qué algunos los tenía tan bien guardados. La mayoría, son entrañables recuerdos a los que me siento atado porque representan porciones de un tiempo vivido del que no quiero desprenderme del todo. Sin embargo, de otros no conseguí esclarecer el motivo por el cual los había conservado. Entre ellos, una serie de recortes de prensa que en su momento consideraría de interés, y que ahora, con los años, por muchas vueltas que le daba, no conseguía vérselo. A pesar de ello, no los tiré, no fuese a ser que un día, en una siguiente reordenación, se esclareciera repentinamente el pretexto, el misterioso motivo por el cual llevaban tanto tiempo allí. Así que dejé que siguieran silenciosos, apilados entre mil papeles más, durmiendo en esos cajones que olían a tiempo. De entre tantas cosas me encontré con una bolsa llena de cintas de Vídeo 8, un formato que ya no se utiliza y que para visionar su contenido hay que volcarlo a un DVD. Casi ninguna cinta llevaba escrito lo que había grabado, así que me entró un deseo irreprimible por descubrirlo. A los pocos días, con la excitación del explorador ante una nueva tumba, me puse a mirar el resultado de tantas horas de grabación. Algunas cintas resultaron ser decepcionantes grabaciones experimentales que me dio por hacer años atrás, en cambio otras me enfrentaron al inexorable paso del tiempo, resucitando en mi memoria personas y momentos que había olvidado, y que me produjeron mucha emoción. Experiencias vividas con amigos desaparecidos para siempre, otros que siguen vivos y que, sin embargo, ya no comparten mi vida porque las relaciones de amistad, como las del amor, evolucionan con el tiempo. Y es que hay amigos, como hay matrimonios, que no pueden ser para toda la vida; las personas cambiamos con los años, nos transformamos en otras porque al efecto biológico del tiempo se le suma la modificación de nuestros criterios; así, a menudo, los seres queridos divergen hacia direcciones cada vez más opuestas. No en vano, se valora tantísimo el que alguien conserve un amigo desde la infancia o a una pareja desde el primer día. Eso sí. Lamenté haber olvidado muchas cosas y haber tenido que recurrir a una vida grabada para recordarlas.