Más informados y menos sorprendidos 25 Jan. 2012
TENER UNA IDEA y crear un argumento distinto, hacer una fotografía diferente, una escultura que sorprenda, una novela que entusiasme por su enfoque novedoso o una película que sea de éxito, acabará siendo algo casi imposible.
Hoy en día se consumen el entretenimiento, el arte y la cultura de la misma manera que uno se zampa una bolsa de palomitas. Una rápida mirada a un cuadro, una lectura precipitada de una novela y sentimos haber cumplido con la dosis de cultura que necesitamos.
La meteórica e irreflexiva mirada del espectador consumista, perturba a aquéllos que le dedican meses o años a levantar un proyecto que apenas es reconocido por el público en general, sin saber qué es lo que han hecho mal. Hace unos días leía las declaraciones de un director de cine que confesaba su frustración al ver que su película había durado escasamente una semana en cartel. Meses de esfuerzo que se habían desvanecido en un abrir y cerrar de ojos. Y no necesariamente porque su película no fuese buena, sino porque en ocasiones una película o un libro se pierde en el anonimato por algo tan simple como una deficiente promoción. Aunque muchas veces el motivo de por qué no se consigue el éxito es un misterio. Durante más de 30 años, he participado como productor en un buen número de espectáculos que han sido un éxito en ocasiones y que no han «funcionado» en otras. A priori, en casi todos he estado convencido de que triunfarían, sobre todo después de haber visto, el día del estreno, al público puesto en pie, aplaudiendo con entusiasmo y augurando que aquello sería el éxito de la temporada. Sin embargo, a las pocas semanas ya se intuye que el aforo no va a superar un discreto número de espectadores. En algunos casos preguntarse por qué se ha fracasado es quedarse sin respuesta. Porque nadie lo sabe muy bien.
Crear es inventar. Es buscar sorprender, lo que cada vez es más difícil en este mundo global en que vivimos. Hoy, cualquier persona a la que se le ocurra una idea la pone en las redes sociales y en horas puede ser vista por millones de internautas con sólo darle a una tecla. La creación se ha expandido y la información que obtenemos es ingente. Al tener tanta, la capacidad de sorpresa del público disminuye cada vez más, por lo que casi todo lo que ve le parece yahaberlo visto otras veces. Si echamos una mirada a la cartelera teatral veremos que se tiende a reponer o versionar más que a innovar. Programar un espectáculo que hace un tiempo ya fue un éxito de público parece menos arriesgado que presentar algo desconocido, por bien que esté. Las producciones son cada vez menos arriesgadas, porque al público le cuesta aventurarse en todo aquello que desconoce y que carece de referencias. Afortunadamente todavía podemos encontrar valientes excepciones.
Ahora que como Tricicle hemos comenzado un período de gestación de lo que será nuestro nuevo espectáculo, nos hallamos ante la alternativa de versionar sobre algunas referencias o pelear por descubrir algo totalmente nuevo, que seguro que algo queda. Aunque sinceramente, lo que más duele a la hora de buscar nuevas ideas es encontrar una y ver que alguien ya la ha tenido antes. Algo que suele pasar con frecuencia.