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Las camareras de hotel   11 Mar. 2016

UN BUEN amigo, que vive permanentemente en un avin y viaja todas las semanas de un continente a otro, me coment que los hoteles son su segunda casa. Es una de esas personas ejecutivas que en una misma semana se despierta en un continente, se acuesta en otro y luego se dirige a un tercero. Hablbamos de las habitaciones de hotel, de su confort o su incomodidad. l es mucho ms prctico que yo porque dice que lo nico que busca de una habitacin es que tenga una cama amplia y cmoda. Ese tipo de ejecutivos utilizan los hoteles para asearse y dormir, y el resto del da lo pasan en otro lugar. En cambio, mi caso es totalmente distinto: cuando estoy en el hotel, vivo muchas horas en la habitacin, esperando que llegue el momento de la funcin. Por tanto, el confort de una habitacin es muy importante, pues, como actor que se encuentra de gira, paso gran parte del da entre sus paredes. Lo cierto es que cuando ya has visitado una ciudad cientos de veces, redescubrirla resulta cada vez menos tentador, y uno procura echar mano de su vida interior, transformando la habitacin del hotel en un rincn personal desde el que leer, escribir o simplemente estar. Por la maana, poco despus de que los ejecutivos hayan madrugado y los turistas hayan salido a devorar la ciudad, las camareras de piso me despiertan mientras trabajan con empeo en las habitaciones contiguas; dan portazos, circulan con molestas aspiradoras y se llaman unas a otras en voz muy alta.

Hay algo caracterstico y entraable en ellas, que puede convertirse en defecto: suelen llamar a la puerta de la habitacin cuando de hecho ya se encuentran en su interior, de tal modo que en ocasiones me han pillado al natural. Sueltan un rutinario perdn mientras t te quedas con la dudad de hasta donde habrn visto. Es el precio que se paga cuando uno se olvida de colgar el cartel de no molesten.

Me viene a la memoria un libro de Markus Orths, La camarera, editado por Seix Barral, en el que se narra la historia de una peculiar camarera fascinada por los objetos de los clientes de las habitaciones que limpia. No hay que olvidar que ellas saben mucho de nuestra intimidad. Una camarera me revel una vez que el neceser, por ejemplo, contiene un mundo tan personal y tan intransferible que dice mucho de su propietario. Ellas lo ven todo. Con 36 aos ininterrumpidos de hoteles, imagnense con cuantas camareras me habr cruzado. En aquellos lugares en los que me quedo semanas, a algunas las saludo como si de un familiar se tratase. Las hay de dos clases, las que le gusta su trabajo, y las que lo detestan, como en Valencia que, despus de trabar cierta confianza, me confes estar harta de limpiar las pegatinas de los inodoros de los clientes. Con qu crudeza describi aquella ingrata tarea. Antes de abandonar el cuarto siempre pienso en ellas, no estoy dispuesto a que conozcan de mi mas de lo que yo considere necesario, por lo que prefiero ocultar mi desorden, no vaya a ser que se lleven una opinin equivocada.

Con este artculo quiero rendir homenaje a esas mujeres que a lo largo de tantos aos me han hecho la cama, me han doblado la ropa y me han pulverizado el cuarto con un perfume insolente que pone el punto final a su abnegada tarea. Tarea que por lo que se ha publicado recientemente, no parece estar bien pagada. Desde aqu mi apoyo y mi deseo de que obtengan el salario que verdaderamente merecen.


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