16 Jun 2003
Bocatas
Bueno, hemos cumplido con el plan previsto, que ya es mucho decir. Teníamos una secuencia en prevengan por si íbamos bien de tiempo, e íbamos bien de tiempo, pero las cosas se tuercen y si hay calor, o mucho calor, como hoy, se retuercen.
Hemos rodado en unos jardines de zona bien donde ubicábamos al camello oficial de Pablo. Al llegar hemos encontrado un grupo de figuración espontánea compuesta por sintechos de diferentes edades que, al vernos llegar, han empezado a hacer sus abluciones metódicamente y se han apartado a su banco-sala de estar para poder disfrutarnos cómodamente. Todos no; una especie de excamionero americano se ha ido paseando de matojo a matojo con una sartén tipo huevos de codorniz en un mano y una radio agonizante en la otra.
Hoy se ha rodado todo con steadycam, que es esa cámara que va sujeta a un soporte que va sujeto a un señor que sonríe a pesar de cargar con treinta kilos, y que cada vez que está a punto para rodar pasa cualquier cosa que le hace estar de pie con sus treinta kilos, y que cuando, harto de esperar, la deja en su soporte, se oye una voz que dice “estamos listos para rodar” y se la tiene que volver a poner. Para ser steadycam, además de fuerte, se ha de ser de muy buena pasta.
Claro que tantas sales perdidas en esos ir y venir a ninguna parte los recupera en el catering, que son unas mesas de las que desbordan bollería, zumos y termos con los más variados rellenos, y que son frecuentadas con inusitada frecuencia por los figurantes que no pueden creer que, en un mundo donde todo va a toque de megáfono, no haya nadie que ponga orden y concierto entre tanta comida.