La ambigüedad del lenguaje 05 May. 2011
EL LENGUAJE es algo vago e impreciso porque está sujeto a más de una interpretación, lo que le convierte también en un fenómeno rico y cambiante. Hace unos días, Guardiola nos sorprendió con esta frase: «Mourinho aquí es el puto amo». No me llamó la atención la frase, que ya había oído otras veces, sino que la dijera él, tan comedido, tan educado siempre. «Sois los putos amos» es una expresión que alguna vez nos han dicho a la salida del teatro, siempre un espectador agradecido cuyo perfil suele ser el de un joven adolescente. Ante un elogio tan rotundo nunca sé qué decir; suelo sacar una sonrisa de agradecimiento que me evita tener que responderle, ya que no me sale recompensar con las gracias, posiblemente porque las palabras «puto» y «amo» no me parecen dignas de pertenecer a una frase elogiosa. Lo cierto es que el código lingüístico está sujeto al tono del que lo utiliza y a la interpretación del que lo oye.Recuerdo un americano que conocí hace tiempo que me confesó haber tardado años en querer ver un espectáculo de Tricicle porque, a los pocos meses de llegar a Barcelona, y cuando aún no dominaba bien el castellano, alguien le dijo que nuestro espectáculo «estaba que te cagas», lo que para él significó que era una mierda. Más tarde, cuando empezó a dominar el idioma, se dio cuenta del error de comprensión de aquella frase que, con toda lógica, le había inducido a creer lo contrario de su significado. Una vez a unos franceses les advertí de que no pasearan por según qué calles del Raval porque se podrían «meter en un marrón». Ellos chapurreaban bastante el español y no pensé que pudieran malinterpretar aquella expresión; así que, de regreso de su paseo por la ciudad, me dijeron extrañados que habían caminado por varias calles pero que no habían visto ningún marrón dónde meterse?«No os muráis nunca», me dijo una señora al salir del teatro mientras me encajaba la mano. Si bien el aforismo es de agradecer porque conlleva el deseo de que seamos eternos, contiene también el fatal destino de la muerte, lo que otorga a la frase la etiqueta de aguafiestas. Hace poco salió del teatro uno más bien serio que con actitud presuntuosa me dijo al oído: «Seguid así». Si bien es una frase dicha con la intención de que no abandonemos nuestro estilo, me retumbó como el consejo que se regala a quien anda desorientado sobre qué camino seguir. Lo que demuestra que el lenguaje está sujeto a la interpretación no sólo de quien lo usa sino de quien lo escucha. Ya lo dijo Montaigne: «La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha».