Trabajo & Vacaciones 28 Jul. 2011
COMO ES HABITUAL en estas fechas, muchas familias salen de vacaciones en busca de la diversión planificada, deseosos por encontrar, allá donde vayan, aquello que han imaginado en los días duros e ingratos de oficina. Ahora los deseos ya están al alcance de la mano, e impacientes nos adentramos en un período emocional distinto en el que se pretende hacer cosas diferentes de nuestros hábitos más cotidianos, haciendo que las vacaciones se compongan de unos días mucho mejores que los que habitualmente vivimos durante el año. Ahora descansaremos más, comeremos más y con más tiempo, leeremos, haremos deporte, viajaremos y disfrutaremos de nuestros hijos y amigos.
El grado de excepcionalidad de las vacaciones viene dado por contraste con el trabajo, el cual representa la obligación de ganarse la vida, empleando en ello una gran cantidad de tiempo, de disciplina y de esfuerzo físico y mental. Salvo para los que el trabajo les supone un placer, para los demás, las vacaciones resultan una liberación por lo que significa desprenderse de una responsabilidad tan necesaria como imprescindible para vivir. De la misma manera que el trabajo, según cuenta Comte-Sponville en su libro El placer de vivir, es una manera de disuadirnos de la muerte, y sirve para hacernos olvidar lo poco que somos, lo poco que vivimos, lo poco que nos espera; las vacaciones son un período que nos recuerda el placer de sentirse desvinculado, al menos físicamente, de las obligaciones y responsabilidades cotidianas que nos impone el trabajo. Eso les confiere el valor de excelente regalo al que muy pocos estamos dispuestos a renunciar. Un regalo que, afortunadamente, dura un tiempo limitado, ya que, según algunos, de durar mucho no podríamos soportarlo. Y es que la desgracia de los hombres, según dijo Pascal, consiste en no saber permanecer mucho tiempo en reposo.
No hay más que ver cómo algunos amigos míos huyen de las vacaciones contemplativas, de esas que permiten reflexionar y que nos enfrentan a preguntas que, muchas veces, perturban la conciencia y nos enfrentan a la frustración. Los seres humanos, no pudiendo ser felices, intentamos olvidarnos de que no lo somos, y especialmente el trabajo nos facilita esa necesaria distracción.
Disfrutemos de las vacaciones sean activas o contemplativas. No nos defraudemos a nosotros mismos al quitarnos la oportunidad de demostrarnos que si para algo sirve el trabajo es para darle sentido a las vacaciones... O viceversa.
Feliz verano a todos.