CANDIDE - La mejor opereta de todas las operetas posibles
Opiniones de Paco Mir
CANDIDE es posiblemente el cuento mas divertido que escribió Voltaire, la opereta posiblemente mas divertida que compuso Bernstein y será, posiblemente, el montaje más divertido que habré hecho hasta la fecha. Así de claro. Así de seguro. Con tan buen material (el de ellos, aquí me pongo más modesto) es difícil no conseguir que el público se vaya a casa con unas cuantas imágenes imborrables.
CANDIDE no es una obra tremendamente popular, como lo pueden ser los grandes títulos que todos podemos tararear de memoria, pero sí que es la ópera contemporánea que mejor conecta con el público y la crítica contemporáneos, lo que en principio puede parecer una paradoja pero que, sin embargo, no lo es: Candide, como el resto de obras de Bernstein, está hecha para emocionar.
CANDIDE nos explica que vivimos en el mejor de todos los mundos posibles, nos habla de nuestro destino, de nuestro lugar en el mundo, del lado oscuro de las religiones, del amor, de la ambición desmedida, de los paraísos ocultos, del dolor humano, de la búsqueda de la felicidad y de todos los pecados capitales que disculpamos o atacamos cuando conviene. Un montón de ideas que vienen envueltas en el inteligente manto de la ironía y atadas en una música deliciosa, contagiosa e inolvidable.
Nuestro montaje es una versión concierto, la preferida por el propio Bernstein, con la orquesta, coro y actores compartiendo el escenario; a la manera de la producción que se hizo en el Lincoln Center hace cuatro años. Una versión muy dinámica en la que el narrador juega un papel importantísimo creando los puentes entre escenas. Sin apenas escenografía con un coro incansable multiplicándose en papeles que nunca más serán pequeños y con nueve protagonistas que tienen por delante un reto enorme: ser mejores actores que cantantes y aún mejor cantantes que actores.
El mismo reto me lo impongo yo mismo, y todo el equipo artístico, ya que bajo el lema “menos es más” queremos que el montaje haga honor a la obra, que sea una fiesta para las neuronas, que se cree una complicidad entre nuestra propuestas y la imaginación del público y que nadie abandone el local sin notar que, entre todos, hemos conseguido el mejor de todos los montajes posibles.